¡Les ganamos a los ingleses! Y plantamos bandera
La bandera que la FIFA no pudo frenar
Ganamos y encima les plantamos la bandera. La FIFA, y hasta el propio Gobierno argentino, habían prohibido el ingreso de banderas alusivas a Malvinas; el plantel argentino la exhibió igual, apenas terminó el partido. Lo que siguió fue una investigación de FIFA, un pedido del primer ministro británico y una columna en The Guardian planteando reabrir la negociación de soberanía.
Cuarenta años después, otra vez a la final del mundo. Con el corazón todavía acelerado. Gracias, Scaloneta. Gracias, Leo.
Argentina le ganó a Inglaterra 2-1 en Atlanta, en otra jornada que se suma a la que ya vivimos contra Egipto. Enzo Fernández empató después del gol inglés de Anthony Gordon, y Lautaro Martínez dio vuelta el partido en el descuento, en el minuto 90+2. La Albiceleste jugó de azul oscuro, la misma camiseta que llevaba Maradona en México 86.
La FIFA había prohibido, “por razones de seguridad”, el ingreso de banderas y camisetas alusivas a Malvinas para este partido puntual. La restricción apuntaba a los hinchas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, avaló la medida y fue explícita: “Las Malvinas son argentinas” contaba como mensaje político y no podría entrar al estadio.
Apenas terminó el partido, Giovani Lo Celso desplegó una bandera con esa misma leyenda y la dejó sobre el césped. Según trascendió, era una sábana de hotel pintada a mano que la tribuna les arrojó a los jugadores. Gonzalo Montiel lo confirmó: “justo cayó una ahí y los chicos la agarraron”. Se le sumaron Lisandro Martínez y Cuti Romero, saltando con ella, con Messi y Giuliano Simeone cerca. La tribuna, sí estaba controlada; fue el plantel, adentro de la cancha, repitiendo el mensaje que el propio gobierno argentino unos días antes había definido como inadmisible.

Del otro lado no lo tomaron como folclore. Veinticuatro horas después, la prensa británica llora sin pausa. El diario inglés The Sun tituló “Argie Arrogance” sobre el festejo, y el propio primer ministro Keir Starmer reclamó una investigación formal de la FIFA.
El organismo, que había prohibido el ingreso de la bandera a los hinchas, evalúa ahora sanciones para Lo Celso, Lisandro Martínez y Cuti Romero por exhibir un mensaje que considera político. El ritual no se quedó del todo adentro de la cancha.
La repercusión no se quedó en el enojo oficial. Al día siguiente, el diario británico The Guardian publicó una columna de opinión que planteó, en las antípodas de Starmer, que había llegado el momento de que el Reino Unido reabra la negociación de soberanía con Argentina. No es una posición frecuente en la prensa británica, y su sola aparición confirma que la bandera de Lo Celso logró algo que la diplomacia no había conseguido en años: volver a instalar la cuestión Malvinas en el debate público del propio Reino Unido.
La tribuna que en 1986 lloró de alegría por el Gol del Siglo volvió a emocionarse cuarenta años después, con otros apellidos y el mismo rival. “El que no salta es un inglés” se cantó una vez más, pero este salto, hoy es grito de victoria. el plantel venía cantando en cada festejo del torneo “para las Malvinas, para Diego”, el estribillo de La Cuarta Estrella, mucho antes de que el rival en semifinales fuera Inglaterra.
Noventa minutos pueden invertir, aunque sea de forma simbólica, una asimetría que la diplomacia nunca resolvió. Pasados los noventa minutos, más el agregado, se invirtió. Les ganamos nosotros. Esa reparación es real en el único terreno donde puede serlo, el afectivo, el ritual. Ahí Argentina ganó, y esta vez no hay revancha pendiente hasta el próximo cruce. Y es un triunfo merecido.
Mientras el país esperaba el partido, jubilados y excombatientes de Malvinas protestaban frente al Congreso. La movilización fue reprimida con gas pimienta y golpes. El sacerdote Francisco “Paco” Olveira terminó derribado durante el operativo. Dos días antes, un grupo de diputados de Unión por la Patria había presentado un pedido de informes por el paso del HMS Medway, para que el Gobierno explique qué hicieron Cancillería, Defensa y la Armada frente al episodio.
No significa que el HMS Medway haya dejado de navegar frente a Santa Cruz sin avisar. No significa que el acuerdo de minerales críticos con Estados Unidos se haya caído, ni que el Súper RIGI deje de ofrecer beneficios fiscales a las extractoras, ni que el CAREM deje de estar parado, ni que las tropas norteamericanas no vayan a volver a entrenar en Ushuaia, Puerto Belgrano o Mar del Plata cuando a alguien le convenga. El resultado deportivo no tocó ni un renglón de esos acuerdos. Los 649 caídos en Malvinas siguen siendo 649, y los suicidios de veteranos siguen sin tener un registro oficial consolidado. Ganarle a Inglaterra en un Mundial no mueve una sola cifra de esa cuenta pendiente.
Ganamos en buena fe. La función del fútbol nunca fue resolver la asimetría, sino ofrecer el único escenario donde, por un rato, se puede actuar como si estuviera resuelta. Seguimos perdiendo, o negociando en inferioridad, el resto de los partidos que no se juegan con una pelota: el de los recursos pesqueros del Atlántico Sur, el del control logístico de la base militar británica, el de quién decide qué se extrae y quién se queda con la renta.
Cuarenta años después de México 86, el patrón se repite en espejo. Ganamos esta vez a Inglaterra en un Mundial, con la misma camiseta, con el mismo peso simbólico, y el país sigue ocupando exactamente el mismo lugar en el sistema-mundo. Lo único que cambió es que, por un rato, no dolió pensar en eso.
La Argentina que visibiliza su reclamo por Malvinas también tiene que jugar una final el domingo.
Messi va por el bicampeonato. Este domingo, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey se viene la final contra España. Y como si emuláramos la historia argentina: primero echamos a los ingleses, ahora vamos por los españoles. Esa es otra historia. Hoy ganamos, y “Las Malvinas son argentinas” se visibilizó desde la cancha, aunque ninguna victoria deportiva pueda, por sí sola, resolver nuestra tensión soberana. Por unas horas, el fútbol fue refugio y alivio frente al opresor.
Ya es decreto, visualizaremos cómo los buques ingleses extraen nuestro petróleo. El mismo miércoles del partido, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial el Decreto 590/2026, firmado por Milei, Caputo y Santilli. La medida abre a licitación internacional 5.000 km² de mar argentino frente a Mar del Plata, en el área CAN_200, para exploración de petróleo y gas. El proceso nace de un pedido previo de Challenger Energy Group PLC, empresa que cotiza en la Bolsa de Londres y que en 2025 pasó a manos de Sintana Energy Inc., también con sede en esa ciudad. No hace falta llamarlo cesión directa: el concurso se armó a partir del interés que la empresa británica manifestó. Si el proceso avanza, la costa marplatense podría contemplar en su paisaje a buques ingleses explorando lo que hoy se negocia como concurso. Parece que solo nuestros jugadores la tribuna entienden de qué lado hay que estar.
Excombatientes golpeados en la calle y un pedido de informes que probablemente no consiga respuesta: todo eso convive con el miércoles en que el país entero vitoreó a su equipo, en este caso sin grietas, bajo una misma bandera.
La soberanía no cambió de manos, pero sí cambió, por un instante, el lugar desde donde se hablaba de ella. También los símbolos disputan poder.
La Scaloneta es generosa y pedagógica; ojalá que los dirigentes, al menos una vez, aprendan que la grandeza no se impone con represión y entrega, sino que se construye con la cohesión de un pueblo que se sabe parte de un mismo equipo.
Los datos del partido
Argentina 2-1 Inglaterra · Semifinal, Mundial 2026 · Mercedes-Benz Stadium, Atlanta · 15 de julio de 2026
Goles:
Min 55: Anthony Gordon (ING), definición tras centro de Morgan Rogers, con Nahuel Molina perdiendo la marca. 0-1
Min 85: Enzo Fernández (ARG), derechazo cruzado desde afuera del área, asistencia de Lionel Messi. 1-1
Min 90+2: Lautaro Martínez (ARG), cabezazo, centro de Messi tras el rebote de un remate al palo de Alexis Mac Allister. 2-1
Nota: las dos asistencias de los goles argentinos fueron de Lionel Messi. Argentina jugó de azul oscuro, en homenaje a la camiseta de México 86. El árbitro fue el estadounidense Ismail Elfath, con nueve minutos de adición en el segundo tiempo. Argentina avanza a la final, donde enfrentará a España el domingo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.


