Taty Almeida en Mar del Plata: el archivo que explica su transformación política
Tras el fallecimiento de la referente de Madres Línea Fundadora, recuperamos un registro inédito en Mar del Plata. El archivo expone su doloroso y honesto “aterrizaje” ideológico. Además, el documento refleja su fuerza, su sonrisa constante y su profunda esperanza en la juventud.
“Por algo será que lo detuvieron y lo desaparecieron. No fue ni por perejil ni por estúpido. Lo decimos con mucho orgullo porque los 30.000 asumieron un compromiso político social”. Con esta frase, Taty Almeida tomó una de las sentencias más repetidas por los cómplices del terrorismo de Estado, la giró ciento ochenta grados y la convirtió en reivindicación. “Por algo será” fue durante años la coartada del silencio, la fórmula con la que miles de argentinos se convencían de que las víctimas habían hecho algo para merecer su destino. Almeida la devuelve cargada de orgullo: no hubo azar ni culpa. Hubo compromiso político.
Pronunciada con la firmeza de quien ha transformado el dolor en una bandera innegociable, esa frase resume la esencia de Lydia Estela Mercedes Taty Almeida. Quince años antes de su muerte, durante una entrevista en Mar del Plata, no solo explicaba las razones del secuestro de su hijo Alejandro. Estaba reconstruyendo su propia historia: la de una mujer criada en el seno de una familia militar que, tras el horror, tuvo que demoler sus propias certezas para descubrir, con un costo íntimo desolador, que aquellas amistades que compartieron su mesa durante años eran asesinos.
El registro, producido en 2011 por ZOOM durante una visita a la ciudad en el marco del programa federal Café Cultura y emitido por CN23 y CN2, adquiere hoy un valor singular. Mientras los homenajes posteriores a su fallecimiento reconstruyen la figura pública de Almeida, esta conversación permite escuchar algo menos frecuente: a la propia Taty explicando cómo nació la mujer en la que se transformó.
La paradoja de Alejandro
El segundo de sus tres hijos tenía 20 años, cursaba el primer año de Medicina y trabajaba en el Instituto Geográfico Militar bajo la dirección del general Santiago Omar Riveros, quien entre 1976 y 1978 comandaría los Institutos Militares de Campo de Mayo y los cuatro centros clandestinos de detención que funcionaron en ese predio. Murió con 13 condenas por delitos de lesa humanidad.
Alejandro también militaba en el ERP, algo que su madre ignoraba por completo. En su afán de protegerla, jamás le habló de su compromiso político. Taty recordaría con ternura el día en que encontró una estrella pintada en una tabla de planchar y le preguntó inocentemente si era una estrella judía. “Mamá…”, fue la única respuesta de su hijo. Era la insignia de su organización.
El 17 de junio de 1975, Alejandro regresó de la calle, le avisó que al día siguiente no iría a trabajar porque tenía un parcial, le pidió que lo esperara y nunca más volvió.
El doloroso aterrizaje
“Por mi entorno familiar: todos militares, todos por todos lados. Yo lo único que sabía de política es que era antiperonista, gorila: por todos lados los pelos.”
Su padre había sido oficial de caballería. Por la rama materna, su tío Raúl Uranga era un dirigente radical que llegó a diputado y gobernador de Entre Ríos tras ser encarcelado repetidas veces. Criada en ese ambiente, Taty admitió el costo íntimo de asumir que las personas con las que compartía su vida cotidiana eran criminales: “Me costó… me costó y me costó convencerme. Convencerme de que realmente esas amistades que yo tuve por años eran unos asesinos.”
Esa procedencia marcó sus primeros movimientos tras la desaparición de Alejandro. Convencida de que sus lazos castrenses le abrirían puertas, acudió al general Arrindegui -quien había sido oficial de su padre-, acompañada por un cuñado. La respuesta fue siempre la misma: “Señora, son los peronistas, son los peronistas.” “Y yo le creía, yo le creía…” Después del golpe fue a ver a Galtieri, jefe de su hermano. “¿Te das cuenta? Yo me moví en ese ambiente, siempre pensando que iba a recuperar a Alejandro por mis conocidos, hasta que lógicamente empecé a aterrizar.”
Alejandro trabajaba bajo las órdenes de Riveros, Taty buscó ayuda en generales amigos de su familia, y durante meses creyó las explicaciones que recibía de ese mismo entorno. La entrevista no solo documenta la desaparición de un hijo, sino el derrumbe de una identidad social y política completa.
Ese proceso explica por qué no estuvo entre las primeras de la Plaza. Su incorporación formal a las Madres se demoró hasta 1980 y 1981. “A mí me costó mucho acercarme porque yo decía: con el currículum que tengo, van a pensar que soy una espía.”
El horror antes del 24 de marzo
Almeida insistió en una precisión que la historiografía de la memoria todavía disputa: el horror no comenzó con el golpe. Alejandro desapareció durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, un período que ella definió sin rodeos como “constitucional, no democrático.” Denunció el accionar de Miguel López Rega y la Triple A, señalando que entre 1974 y 1975 hubo alrededor de 2.000 detenidos-desaparecidos y asesinados. Y sostuvo que de los aproximadamente 600 centros clandestinos que funcionaron en el país durante el terrorismo de Estado, al menos tres ya operaban en 1975 bajo amparo estatal, antes de que el Plan Cóndor sistematizara el exterminio.
Los vaivenes democráticos y la Iglesia
Almeida repasó la etapa democrática con la imagen del Ave Fénix. Reconoció la honestidad de Raúl Alfonsín -“una persona realmente honesta, honorable”-, por haber juzgado y condenado a la primera Junta, pero fue categórica respecto de lo que vino después: “Lamentablemente no supo aprovechar todo ese apoyo nacional e internacional y dicta las leyes de impunidad. Nos mató.” A eso sumó el golpe de los indultos de Menem, que liberaron a los pocos condenados.
Entre las impugnaciones más severas del registro figura su cuestionamiento a la Iglesia institucional. Los organismos buscaron respuestas en múltiples ámbitos durante la dictadura y los años posteriores. Taty fue tajante: “En la jerarquía eclesiástica jamás, jamás nos recibió.”
Política sin partido, siembra sin olvido
Almeida defendió el carácter político de su acción con una distinción que le importaba sostener: “Nuestra lucha se convierte en política. Es necesaria, pero no partidista.” Bajo esa premisa explicó el respaldo al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como continuidad del proceso iniciado en 2003, cuando por primera vez un presidente convirtió los derechos humanos en política de Estado -lo que posibilitó la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad, la recuperación de los centros clandestinos y el inicio de los juicios en 2005, avanzando también sobre la trama de complicidades civiles: “Grandes empresarios, médicos, jueces, abogados, políticos y jerarquía eclesiástica.”
La entrevista también captura el peso todavía reciente de la muerte de Néstor Kirchner. Almeida recurrió a una imagen que condensa el estado de ánimo de una época: “A Néstor no lo enterramos, lo hemos sembrado. Y cada vez el fruto lo vemos en los jóvenes, en la militancia política de esta cantidad de jóvenes maravillosos.”
“Alerta, acá estamos”
Durante su estadía en Mar del Plata, Almeida participó en un acto en el Concejo Deliberante de General Pueyrredón donde se colocaron los retratos de los más de 400 desaparecidos locales. Ver esas imágenes en el recinto donde se promulgan las normas significaba una advertencia permanente a la dirigencia: “Es como estar diciéndoles: alerta, acá estamos.”
Ante la polémica por el retiro del retrato de un militar represor que compartía galería con los caídos de Malvinas, Almeida propuso una alternativa pedagógica: crear una galería propia de represores con nombres y crímenes explícitos, para que escuelas y turistas supieran quiénes fueron. “Pasan al olvido, y no pueden pasar al olvido, tampoco ellos. Porque si vos no traes el pasado al presente, no podés construir un futuro. Y además se corre peligro de que vuelva a ocurrir si la gente no sabe lo que ocurrió.”
El legado
Cuando aquella entrevista terminó, Taty Almeida dejó un mensaje dirigido a los jóvenes presentes en Mar del Plata. Los llamó a tener memoria y los definió como “el recambio” y “la esperanza.”
“Decirles a los jóvenes que tengan memoria, que son el recambio, son la esperanza nuestra y estamos segurísima de que van tomando de a poco la posta de estas locas, como nos llamaron creyendo que nos ofendían, locas de dolor, de rabia, de impotencia, porque nos llevaron lo más preciado que tiene una mujer. Pero todavía las locas seguimos de pie.”
Escuchadas hoy, después de su muerte, esas palabras condensan el sentido profundo de toda la conversación. La historia que relató no era solamente la de una madre que buscó a su hijo desaparecido. Era también la historia de una mujer que aprendió a revisar sus propias certezas, a enfrentarse con su entorno y a transformar el dolor en acción colectiva.
Su féretro, cubierto de pañuelos blancos, fue velado en FOETRA, el sindicato de telecomunicaciones que ella solía frecuentar. Había pedido expresamente que fuera allí y no en la Legislatura ni en el Congreso. Pidió que no llevaran flores, sino que donaran ese dinero a la causa de las Madres.
Hasta en la despedida, Taty fue coherente con lo que había dicho en Mar del Plata quince años antes: que la lucha no es abstracta, sino el trabajo cotidiano de quienes transforman el dolor en acción colectiva. Y que la posta, insistía, ya está en manos de los jóvenes.
▶ Ver la entrevista completa: https://youtu.be/qiaOBOZc4WoYouTube
Todas las citas textuales de Taty Almeida incluidas en esta nota provienen de la entrevista producida y realizada por Julieta Fiorentino en su programa televisivo ZOOM, 2011, emitido por el Canal de Noticias CN23 y Canal 2 de Mar del Plata.


