Milei lo llamó milagro; Kicillof, catástrofe
En una misma ciudad, separados por pocas cuadras pero por una distancia que define una época, dos argentinos hablaron al mundo esta semana. Uno, investido de la autoridad presidencial, proclamó desde la tribuna de las Naciones Unidas que la Argentina vive un “milagro económico”. El otro, gobernador de la provincia más importante del país y aspirante a sucederlo, eligió los márgenes de esa misma Asamblea General para decir lo que los números públicos dicen pero el relato oficial oculta: no hay milagro, hay catástrofe.
Una economía que crece y prescinde de las personas. Los sectores que generan divisas —minería, petróleo, agronegocio, intermediación financiera— no necesitan incorporar población para generar excedente. Los sectores que sostienen la vida social —industria, construcción, comercio, servicios— están en caída libre.
La escena es una fotografía de la Argentina de hoy. El superávit financiero es real, el deterioro social también. Ante inversores y académicos, Kicillof fue más explícito: “No solo no hay un milagro, sino que estamos sufriendo una verdadera catástrofe: se han perdido miles de empleos, cierran empresas todos los días, caen los salarios y empeora día a día la calidad de vida de nuestro pueblo”.
El trabajo que no vuelve
André Gorz ya lo había advertido. En los años ochenta sostuvo que la crisis de la sociedad del trabajo asalariado no era una anomalía coyuntural. Era una mutación estructural: el crecimiento y el empleo se estaban desacoplando. Y ese desacople no se iba a corregir con más crecimiento: se profundizaría con él.
En Metamorfosis del trabajo (1995, p. 116), Gorz advirtió cómo la racionalidad económica reduce a números lo que no puede cuantificarse. “Solamente es ‘verdadero’ lo que es calculable, cuantificable”, escribió. Y llamó a repensar la centralidad del empleo como organizador de la vida social.
Lo que en Gorz era una hipótesis sobre la automatización industrial, la Argentina de 2026 lo vive en versión financiera y extractiva. Minería, petróleo, agronegocio e intermediación financiera no necesitan incorporar población para generar excedente. Al contrario: cuanto menos empleo requieren, más rentables resultan bajo la lógica del tipo de cambio fijo y la tasa alta.
Los datos que Kicillof presentó lo confirman. Esos sectores representan aproximadamente el 15% del producto pero apenas el 8% del empleo. Industria, construcción, comercio y servicios aportan el 30% del producto y el 37% del empleo. Y están en caída libre.
Kicillof lo resumió con una frase que ordena todo el diagnóstico: “Más de 400.000 puestos de trabajo perdidos en la Argentina”. Y agregó: “La macro es la suma de millones de micro, que es la vida de la gente, la está destruyendo en cada punto de la Argentina”.
El INDEC informó que el PBI del segundo trimestre de 2026 creció 2% interanual, pero cayó 0,6% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados. El consumo privado retrocedió 2,4%. La inversión se desplomó 11,1% interanual. La industria manufacturera —única rama de bienes en negativo— cayó 2,1% interanual.
El desempleo llegó al 7,9% (1,8 millones de personas). Ese índice sigue el criterio de la OIT de “una hora semanal trabajada”. Otro indicador permite observar una dimensión diferente del deterioro laboral: la informalidad. Trepó al 45%, techo de la serie desde 2023. Hay 626.000 trabajadores desprotegidos más que en 2024. La desprotección juvenil pasó del 53% al 61,6%.
La pobreza llegó a 32,3% según la Universidad Católica Argentina para el primer semestre de 2026. La Universidad Di Tella la calculó en 31,3% (9,4 millones de personas). El Índice Líder de la misma universidad estimó en 82% la probabilidad de que la economía ingresara en una fase recesiva durante los seis meses siguientes.
La pregunta que Gorz obliga a ver ya no es cómo repartir mejor los frutos del crecimiento. Es qué hacer con una estructura económica que crece prescindiendo de las personas.
El costo territorial del modelo
Hay pobreza que las estadísticas no capturan. Kicillof presentó en Nueva York datos de varios distritos bonaerenses para graficar la catástrofe social. Avellaneda pasó de asistir a 40.000 familias a 67.000. Punta Indio, de 200 a 600. Coronel Rosales, de 100 a 2.000. González Chaves —gobernado por una intendenta radical— de 130 a 600. Mar Chiquita, de 800 a 2.000. Salto, de 220 a 600.
“Lo que está pasando es una catástrofe social”, dijo Kicillof. “Y esto es el esfuerzo que tienen que hacer los intendentes porque reciben cero ayuda del gobierno nacional”.
Esos números no aparecen en los informes del FMI. No figuran en las presentaciones que el ministro de Economía hace ante inversores. Son, sin embargo, la medida más precisa de lo que ocurre. Cada familia adicional en un registro municipal de asistencia alimentaria es una historia de deterioro.
Zona fría: cuando la geografía se convierte en castigo
La eliminación del régimen de zona fría fue aprobada en el Senado el 24 de septiembre con 38 votos a favor y 8 en contra. La bancada peronista se retiró antes de la votación. No es un ajuste técnico: es una transferencia de ingresos desde los territorios fríos hacia el centro financiero.
La reforma alcanza a más de 90 localidades y deja fuera del beneficio generalizado a más de un millón de usuarios, entre ellos los hogares de Mar del Plata. Solo se conserva para Patagonia, Malargüe y la Puna.
Kicillof lo describió con la crudeza de la gestión cotidiana: “Solamente un distrito, creo que Carmen de Patagones, quedaría adentro, el resto todo afuera”. Y sumó un dato que el debate no menciona: “Es un gobierno que ha aumentado 1.600% las tarifas”. El gobierno ofreció a los gobernadores un intercambio explícito: sacar zona fría para dar zona cálida. Los senadores del norte fueron persuadidos con esa promesa. Es, como dijo la propia radical Mariana Juri en el debate, tratar como lujo lo que es “una necesidad vital de subsistencia”.
La bicicleta financiera
El gobernador fue explícito sobre el mecanismo. “Dejan el tipo de cambio fijo y la tasa de interés la ponen alta para que no se le vaya el dólar. Generan el famoso carry trade, la bicicleta financiera”, dijo. “Están llenándole los bolsillos de guita a la timba, y al mismo tiempo la economía real se estrola”.
Vendieron la casa con las joyas adentro. El Estado había aprobado en abril una reserva de $522.590 millones dentro de Transener. Un día antes de que se perfeccionara la transferencia al consorcio Neuss-Genneia —vinculado al asesor presidencial Santiago Caputo—, el nuevo directorio repartió $253.536 millones en dividendos. El 97% del precio pagado por la compañía ya estaba, literalmente, adentro de su propia caja. Es como comprar una casa y descubrir, después de firmar la escritura, que había una caja fuerte empotrada en la pared con una parte importante de la plata que pagaste por la casa.
La Argentina atraviesa, según Kicillof, “los mejores términos de intercambio en los últimos 125 años”. Es una oportunidad histórica para acumular reservas e industrializar. El gobierno, en cambio, la convirtió en carry trade. “Hay una oportunidad perdida enorme, inmensa”, dijo.
El impacto territorial de ese mecanismo tiene un ejemplo concreto. En la costa bonaerense, Kicillof lo vio en primera persona: “La gente se iba a veranear al exterior en vez de irse a veranear a Mar del Plata o a Tandil, por la cuestión cambiaria”. El turismo interno, uno de los motores del empleo provincial, se resintió por la misma lógica que beneficia a la timba financiera.
La salud mental y la educación, también en caída
Hay un costo que no aparece en las estadísticas económicas. Kicillof lo puso sobre la mesa: “En la provincia de Buenos Aires, el año pasado hubo 2.000 suicidios aproximadamente, 1.000 accidentes de tránsito, 89 muertes en ocasión de robo”. El primer lugar en la estadística de muertes violentas ya no es el delito: es el suicidio. “Eso no tendría que ser una política nacional”, dijo. “Fíjate que este gobierno está ignorando el tema de los suicidios. Lo hizo desaparecer”.
La educación corre la misma suerte. “Un gobierno desertor que se borra”, definió Kicillof. La provincia invirtió en 1.000 edificios escolares, entre reinauguraciones y aulas nuevas. Pero hay 80 escuelas que el gobierno nacional paró. “Una deuda enorme que tiene el gobierno nacional con nuestra provincia y con todas las provincias”.
La disputa que viene: datos, IA y soberanía
El mismo desacople aparece en la discusión sobre inteligencia artificial. Los propios dueños de las plataformas de IA —los que menos interés tendrían en limitarse— empiezan a pedir regulación. China avanza en marcos regulatorios propios. La Argentina de Milei es la excepción que no plantea gobernar el fenómeno. “Está todo el planeta hablando de regular la inteligencia artificial, todos menos Milei”, dijo Kicillof.
La Nación apuesta a la desregulación y a la atracción de inversión tecnológica sin condiciones. La provincia de Buenos Aires optó por la gobernanza. El Decreto 742/2026 —firmado por el ministro Bianco y refrendado por Kicillof el 6 de julio de 2026— crea un registro obligatorio de sistemas de inteligencia artificial, una autoridad de aplicación y un consejo asesor interdisciplinario bajo once principios: supervisión humana, trazabilidad, prevención de sesgos algorítmicos.
Dos días antes de que Milei hablara en la ONU, el ministro Bianco presentó esa estrategia en La Plata. Días después, el Decreto 961/2026 aprobó el Marco de Gobernanza de Datos. Entre las aplicaciones concretas: PIA, el agente financiero del Banco Provincia; Retinar, que detecta retinopatía diabética junto al CONICET; Pulso PBA, que cruza 1.200 variables económicas diarias con la UBA.
Cinco empresas tecnológicas —Nvidia, Alphabet, Apple, Microsoft y Amazon— acumulan una capitalización conjunta de 20,81 billones de dólares. Es superior al PBI combinado de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España (18,14 billones). No son actores neutrales. Como dice Trotta: “O estamos en la mesa o somos parte del menú”.
Un país que podría capitalizar litio, tierras raras y capacidad científica para insertarse en la disputa tecnológica global elige, en cambio, regalar insumos sensibles —el agua pesada es el caso más literal— y desfinanciar el sistema de ciencia y técnica. “Nuestros científicos están viendo si manejan Uber a la tarde después de dar clase, o yéndose porque les cortaron las becas de doctorado”, graficó Kicillof.
La política exterior también juega. Kicillof lo planteó como una cuestión de doctrina histórica. La tradición argentina de neutralidad y “tercera posición” fue reemplazada por un alineamiento incondicional con Washington y, por extensión, con Netanyahu. “Nos está metiendo en guerras que no son nuestras”, dijo. Y fue más lejos: “Argentina para los argentinos. Nosotros no podemos tener una política que responda a intereses que no son los nuestros”.
El costo no es solo simbólico. Romper relaciones de hecho con Brasil —el principal socio comercial de la región— o resignar la entrada a los BRICS justo cuando el bloque ampliaba su convocatoria son decisiones con precio. “En ese mundo multipolar, lo que no hace falta es casarse con nadie”, dijo Kicillof. “¿Cuál es el interés? El interés nacional y dónde empieza la integración con la región”.
El mundo que Milei cree interpretar ya no es el que Estados Unidos diseñó en 1945. China tiene la mayor producción industrial del mundo, con un valor de 4,66 billones de dólares. Está muy por encima de los 2,91 billones de Estados Unidos. Los BRICS amplían su convocatoria. La deuda estadounidense supera el 100% de su PBI. La concentración accionaria recuerda a 1929.
Pero no es solo multipolaridad. Emerge el tecnofeudalismo, donde corporaciones como Meta y Google controlan datos e infraestructura y subordinan Estados. Sin un Estado que regule esas plataformas, la soberanía se vacía. Argentina, mientras tanto, se alinea con la potencia en declive y resigna margen de maniobra en el peor momento posible.
Como planteó Jorge Taiana en una clase del Instituto de Capacitación Política (ICP), la integración latinoamericana sigue inconclusa porque los mecanismos de dominación fueron mutando. Ayer eran los tanques y las botas. Después fue el poder judicial: proscribir a Lula, meter presa a Cristina. Hoy son Meta y Google, cuatro o cinco corporaciones que discuten el sentido de nuestras sociedades sin que ningún Estado las regule.
A eso se suma una desigualdad que se hereda. El 1% concentra 54 veces la riqueza de la mitad más pobre. Más de la mitad de las grandes fortunas se heredaron. Una región donde la cuna define el destino no puede sostener proyectos colectivos. Sin soberanía política no hay independencia económica. Y sin independencia económica no hay justicia social.
La justicia como botín
Kicillof fue directo sobre el poder judicial. “Hay un acuerdo con un sector, por lo menos, del poder judicial”, dijo. “La catarata de fallos a favor del macrismo y a favor del gobierno del oficialismo”. Mencionó causas que se caen o se frenan: Sturzenegger y el manejo del dólar, Caputo y sus causas, el intento de asesinato de Cristina, Revolución Federal, el préstamo del FMI a Macri. “Es una suerte de amnistía sincronizada con nombramientos en la justicia”.
Lo contrastó con la reacción del aparato mediático cuando un fallo no le gusta al oficialismo. “Escrachan a la jueza que declaró inconstitucional la reforma a la baja de imputabilidad. Escrachan a la jueza de la capital federal que fue en el mismo sentido”. Y agregó: “Los armados que hacen ellos, todo esto, no dicen nada”.
La conclusión que propone es una reforma. “Así como está, no va. No podemos tener persecución a determinados dirigentes, a determinada orientación política, al peronismo, y al mismo tiempo acuerdos espurios que se ven a plena luz del día”. Y planteó que el tema debe entrar en la agenda de la reconstrucción. “Hay que discutir qué tipo de justicia queremos”.
La pregunta que el “milagro” no responde
Toda narrativa económica tiene una pregunta que no puede responder. La del “milagro argentino” es esta: ¿cómo se sostiene una sociedad cuando los sectores que generan empleo están en crisis y los que generan divisas no crean trabajo?
No es un milagro. Es una operación de transferencia de ingresos desde la mayoría hacia una minoría. El 2027 traerá vencimientos de deuda por 30.000 millones de dólares. Las reservas del Banco Central son insuficientes. El apoyo externo, por definición, no es incondicional ni eterno. Kicillof lo dijo en Nueva York con otras palabras: “No hay solución provincial para problemas nacionales”. Y sobre el discurso de Milei en la ONU fue categórico: “Un papelón”.
La pregunta, entonces, no es si el “milagro” existe. Es cuánto tiempo puede sostenerse una ficción antes de que la realidad estalle. Sobre quiénes pagarán el costo de haber creído en ella no hay dudas. “El nuevo orden mundial no está escrito”, dijo Kicillof en Nueva York. Es una invitación a construir, no a esperar.
