Las Malvinas fueron, son y serán argentinas
Las Malvinas fueron, son y serán argentinas 🇦🇷
Ushuaia — Día de los Veteranos y Caídos en Malvinas
El acto en Ushuaia reactivó el debate sobre la soberanía argentina en Malvinas, los recursos del Atlántico Sur y la disputa geopolítica global.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, participó este jueves del acto por el Día de los Veteranos y los Caídos en Malvinas en Ushuaia, junto al gobernador Gustavo Melella; su par de La Rioja, Ricardo Quintela; el intendente local, Walter Vuoto; el secretario de Malvinas y Asuntos Internacionales, Andrés Dachary; y el presidente del Centro de Excombatientes de Ushuaia, Juan Carlos Parodi.
El acto, desarrollado en la Plaza Islas Malvinas de la capital provincial, contó con la presencia de veteranos de guerra y familiares de combatientes; representantes de fuerzas de seguridad; miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; la comunidad educativa local y vecinos de la ciudad.
En declaraciones a la prensa, Kicillof afirmó: “Vinimos a homenajear a los excombatientes, a reafirmar nuestra soberanía y a rechazar a todos los sectores que pretenden el olvido: la causa Malvinas debería unir a todas las fuerzas políticas, pero lamentablemente eso no ocurre”.
Y agregó: “El Gobierno nacional expresa el desprecio por el federalismo y la soberanía de muchas maneras: nuestras islas no son un tema del pasado, tienen que ver con el presente, con el futuro y con los recursos que están en juego”. “No vamos a olvidar a cada uno de los soldados que dieron la vida ni dejaremos de acompañar a los sobrevivientes mientras nuestras islas sigan usurpadas”, concluyó.
Malvinas: soberanía y reclamo vigente
A 44 años del conflicto del Atlántico Sur, la conmemoración volvió a dejar en claro que la causa Malvinas argentinas no pertenece al pasado. Se trata de una política de Estado sostenida en el tiempo, respaldada por el reconocimiento internacional de una disputa de soberanía aún pendiente de resolución entre la Argentina y el Reino Unido.
Esa disputa no se limita al territorio insular: se extiende al mar, al subsuelo y a los recursos que conforman uno de los espacios estratégicos más relevantes del país.
Plataforma continental y recursos en el Atlántico Sur
La cuestión de la plataforma continental argentina tiene un fundamento jurídico reconocido por el derecho internacional.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que los Estados ribereños ejercen derechos soberanos sobre el lecho y el subsuelo marino más allá de las 200 millas marinas, cuando existe continuidad geológica del territorio.
Sobre esa base, la Argentina desarrolló un extenso trabajo científico que culminó en 2016 con la validación por parte de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la extensión de su plataforma continental en aproximadamente 1,7 millones de kilómetros cuadrados.
Este reconocimiento implica derechos exclusivos sobre los recursos del lecho marino, entre ellos hidrocarburos, minerales y especies sedentarias. Las islas se encuentran dentro de la proyección natural del territorio argentino, aunque las áreas vinculadas permanecen sujetas a la disputa de soberanía.
Entramado geopolítico
En el Atlántico Sur no solo se disputa soberanía: se disputan recursos concretos y capacidad de control. Se trata de una de las regiones pesqueras más productivas del mundo.
En las aguas circundantes a las islas se capturan alrededor de 250.000 toneladas anuales de recursos ictícolas, en un esquema que representa cerca del 60% de la economía del archipiélago y que, acumulado desde fines de los años 80, supera los 10 millones de toneladas extraídas.
Al mismo tiempo, la región presenta un potencial energético significativo. Estudios geológicos estiman que en las cuencas cercanas podrían existir miles de millones de barriles de petróleo, con proyectos que identifican reservas recuperables en el orden de los 500 millones de barriles, lo que explica el interés sostenido de empresas petroleras en el área.
Pero la dimensión estratégica no se agota en los recursos. El Atlántico Sur es también un corredor marítimo clave para el comercio internacional.
Por esa región circulan rutas que conectan el Atlántico con el Pacífico a través del extremo sur del continente, utilizadas para el transporte de energía, alimentos y mercancías entre distintos continentes. En un mundo donde cerca del 90% del comercio global se mueve por vía marítima, estos corredores adquieren un valor creciente.
En ese escenario, el Reino Unido no solo mantiene presencia en el archipiélago: administra licencias de pesca, habilita exploraciones energéticas y sostiene una estructura de control sobre el mar circundante.
Recordemos que la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, señaló que el interés estratégico de su país en América Latina está directamente vinculado a sus recursos naturales: petróleo, oro, litio, tierras raras y la riqueza ambiental de la región, al tiempo que subrayó el valor del Amazonas dentro de ese esquema.
Sus declaraciones refuerzan una lectura que trasciende el plano diplomático: los recursos de América del Sur ocupan un lugar central en la disputa global por energía, tecnología y materias primas estratégicas.
Ante ese contexto, la histórica alianza estratégica entre el Reino Unido y Estados Unidos adquiere una dimensión particular en el Atlántico Sur. Ambos países forman parte de un entramado de cooperación militar, política y de inteligencia que se proyecta a escala global.
La presencia británica en las Islas Malvinas se inscribe dentro de un sistema más amplio de relaciones estratégicas entre potencias occidentales, donde el control de recursos, rutas marítimas y posiciones geográficas clave constituye un elemento central.
Sin necesidad de acuerdos explícitos sobre cada territorio, la convergencia de intereses en materia de seguridad, energía y proyección global refuerza la relevancia del Atlántico Sur como espacio de disputa dentro de un esquema internacional más amplio.
En el Atlántico Sur no se disputan solo islas: se disputa el control de recursos, rutas y poder en el siglo XXI.
Control militar y proyección geopolítica
Ese control no sería posible sin presencia militar. El Reino Unido mantiene en las islas una base permanente en RAF Mount Pleasant, con capacidad aérea, radares y despliegue logístico.
La dimensión militar no es secundaria: es la que garantiza la continuidad de las actividades económicas en la zona y permite ejercer vigilancia sobre el Atlántico Sur.
En otras palabras, no se trata solo de ocupación territorial, sino de un sistema integrado de control: recursos, rutas marítimas y presencia militar.
Desde la perspectiva argentina, esta situación configura una militarización sostenida en una región que el país reivindica como zona de paz.
Malvinas en la Constitución: un mandato irrenunciable
La posición argentina sobre Malvinas no es coyuntural ni depende de un gobierno. Tiene sustento en el derecho internacional, en la política exterior sostenida en el tiempo y en la Constitución Nacional, que establece que la recuperación de las islas y el ejercicio pleno de la soberanía constituyen un objetivo permanente e irrenunciable.
Fue política de Estado
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la Argentina consolidó el reclamo en el plano internacional tras el retorno a la democracia, fortaleciendo la vía diplomática y el reconocimiento del conflicto como un caso de descolonización en el ámbito de Naciones Unidas.
En los años posteriores, la reforma constitucional de 1994 incorporó el reclamo sobre las Islas Malvinas como un objetivo permanente e irrenunciable del Estado argentino, consolidando su carácter de política de Estado más allá de los gobiernos.
Durante las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, el reclamo adquirió una fuerte centralidad en la política exterior, con un impulso sostenido en foros internacionales y regionales, así como un posicionamiento activo frente a la explotación de recursos en el Atlántico Sur. Por entonces, se consolidó la idea de que la soberanía en Malvinas constituye un imperativo constitucional y una causa vinculada al proceso histórico de descolonización.
El excanciller y exministro de Defensa Jorge Taiana sostuvo, por su parte, que se trata de una causa nacional que debe articular una posición común más allá de las diferencias políticas.
En el gobierno de Mauricio Macri, aunque con un enfoque de mayor pragmatismo en la relación con el Reino Unido, la Argentina mantuvo el reclamo formal de soberanía y su presencia en los organismos internacionales.
Más allá de los dichos no felices del presidente Javier Milei, la cuestión Malvinas continúa siendo parte de la agenda diplomática argentina y un punto de coincidencia estructural en el sistema político.
Política reciente y tensiones en el reclamo
En ese contexto, la defensa de la soberanía argentina sobre Malvinas no siempre estuvo acompañada por la misma firmeza en el plano político.
El presidente Javier Milei introdujo una línea de controversia al plantear la necesidad de considerar la voluntad de los habitantes del archipiélago como parte de cualquier solución, una postura que se aparta de la doctrina histórica argentina, que encuadra la cuestión como un caso de colonialismo a resolver entre Estados.
Este tipo de planteos generó cuestionamientos en distintos sectores políticos, diplomáticos y sociales, al considerar que introducen criterios que pueden debilitar la posición argentina en el plano internacional.
En años anteriores, durante el gobierno de Mauricio Macri, también se abrieron debates en torno al enfoque del reclamo, particularmente cuando la cuestión Malvinas fue analizada desde perspectivas económicas, lo que fue interpretado por distintos sectores como un corrimiento respecto del eje histórico centrado en la soberanía.
Río Grande y Tolhuin: memoria y gestión
El miércoles por la noche, Kicillof participó también de la vigilia en Río Grande, junto al intendente Martín Pérez, en el Monumento a los Héroes de Malvinas.
La convocatoria reunió a excombatientes de distintas provincias, autoridades y vecinos en una de las expresiones más significativas de la memoria colectiva.
Durante su visita, el mandatario bonaerense mantuvo además una reunión en Tolhuin con el intendente Daniel Harrington y el ministro Carlos Bianco, donde firmaron un convenio de cooperación universitaria en el marco del programa Puentes.
Participaron también de las actividades los ministros Javier Alonso y Walter Correa; el Asesor General de Gobierno Santiago Pérez Teruel; además de intendentes y legisladores nacionales y provinciales.
Memoria, deuda y soberanía
A más de cuatro décadas de la guerra, la causa Malvinas sigue interpelando a la Argentina desde múltiples dimensiones.
Miles de jóvenes fueron enviados al combate sin la preparación adecuada, en el marco de una dictadura que intentó sostenerse en el poder. Muchos no volvieron. Otros regresaron para enfrentar el silencio.
Tras la guerra se desplegó un proceso que distintos especialistas y excombatientes denominaron “desmalvinización”: una etapa atravesada por el ocultamiento, la falta de reconocimiento social y la ausencia de políticas públicas adecuadas para quienes habían participado del conflicto.
Ese proceso comenzó en los años inmediatos a la posguerra, pero se profundizó durante la década de 1990, en el marco de la política exterior de “relaciones carnales” impulsada por el gobierno de Carlos Menem, que priorizó la normalización de vínculos con el Reino Unido y relegó la centralidad de la causa Malvinas en la agenda pública.
Las consecuencias fueron profundas. Diversas organizaciones de excombatientes han advertido que, en las décadas posteriores, el número de suicidios entre veteranos alcanzó cifras que reflejan el impacto psicológico, social y económico de la posguerra, en un fenómeno que expone una deuda persistente del Estado argentino.
Recién con el paso del tiempo comenzaron a desarrollarse políticas de reconocimiento, memoria y reparación, impulsadas tanto por el Estado como por la propia organización de los excombatientes.
En ese contexto, las expresiones del presidente Javier Milei, quien ha manifestado admiración por Margaret Thatcher, adquieren un significado particular en una sociedad que sigue considerando la causa Malvinas como un eje central de su identidad y una herida aún abierta.
Desde Ushuaia, la cuestión Malvinas no pertenece al pasado. Es una causa abierta, estructural e irrenunciable: las Malvinas fueron, son y serán argentinas.





